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  • Xisca Homar

¿Es, pues, importante pensar?


Durante mucho tiempo, en occidente, confesar la verdad de uno ha sido condición necesaria para salvarse (de la locura, del pecado, de ser el Otro). Y confesar implica conocer exactamente quién se es, pero para contarlo, para decírselo a alguien. Tenemos una cita obligada con la verdad, una relación de obligación con la verdad.

Lo que somos es una verdad situada en lo más profundo de nuestro yo, y la hermenéutica de sí, es decir, la interpretación minuciosa de uno mismo, intenta sacarla a la luz. Podemos circular de la confesión cristiana al diván psicoanalítico sin cruzar al otro lado de la carretera. Nos gusta jugar al juego de las esencias, ir en busca del tesoro. Nos gusta decir que la hermenéutica de sí se remonta a las viejas palabras del oráculo de Delfos, que es como decir que ha existido siempre.

Pero siguiendo a cierto francés impertinente, al que le gustaba escribir historias impertinentes (donde explicaba el momento justo en el que fueron inventadas nuestras verdades), esta necesidad de conocerse a uno mismo, de descifrar la verdad del yo, empieza con el cristianismo y predomina locamente en nuestra modernidad. Hasta el punto que la relación más intensa que tenemos con nosotros mismos es la de tratar de descubrir quiénes somos, y una vez descubierto sernos fieles.

Antes del cristianismo, en la filosofía helenística o romana, no se trataba de sacar a la luz la parte más oscura de nosotros mismos. El yo no tenia que ser descubierto o descifrado, tenía que ser construido con la fuerza de la verdad. Entonces nos encontramos con un conjunto de técnicas y prácticas de existencia destinadas a la constitución y a la transformación de uno mismo.

Parece que escribiendo la historia de nuestras verdades, desenmascarando el momento humilde en el que se escondió el tesoro, nuestras evidencias van ganando levedad y se nos aparece como una urgencia la necesidad de volver a trazar el sentido común, de volver a pensar.

Durante los últimos siglos no hemos dejado de bailarle el agua a la hermenéutica de sí. Pero puede que nos haya llegado el momento de preguntar ¿necesitamos realmente descubrir lo que somos? Una pregunta que no se juega lejos del terreno político. Quizás es el momento de asumir que uno de los grandes problemas políticos de nuestro presente es la política de nosotros mismos.

Quién sabe si, siguiendo la estela de esta pregunta, llegaremos a interrogarnos sobre una posible relación con nosotros mismos que no sea la del descubrimiento de una verdad inevitable, sino la de la invención de una vida vivible.

Fotografías: Àngels Beltran

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Estéticas del pensamiento

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